"(A MODO DE CRÓNICA)
El que pasa por tu ermita y no te reza una salve no es cristiano ni español ni es andaluza su sangre. Morenita del Collado Paloma en su palomar vuela hasta mi corazón donde podrás anidar (Mayos a la Virgen del Collado, patrona de Santisteban del Puerto)
Todos los viajes, sean cuales fueren, nos brindan la oportunidad de salir de nosotros mismos, abriéndonos la puerta hacia nuestra propia libertad. Cualquier viaje, aunque sea muy light como el que hoy nos ocupa, aunque no se trate de arribar a puertos remotos, implica relacionarnos y aprender de los otros, para, de esta forma, ir añadiendo dosis de identidad a nuestra continua evolución como personas. El cielo ha amanecido grisáceo esta mañana de noviembre en que el otoño ya se ha instalado definitivamente tras hacerse esperar mes y medio largo. Pareciera que el verano no acabara de dejarnos ni el frío acabara de instalarse, pero, si no frío con mayúsculas, sí nos acompaña un cierto barojil, que se ha hecho notar durante casi todo el tiempo de esta visita a dos pueblos del Condado: Castellar y Santisteban del Puerto. Pese a la expectación despertada, hay quienes faltan a la cita en el día y hora prefijados: gripes, resfriados o desgana ante un tiempo no ya veraniego, son elementos coadyuvantes a que queden algunas plazas libres en el autobús. Los dos primeros pueblos de la comarca de El Condado, Arquillos y Navas de San Juan, que se ofrecen en nuestro viaje, no merecen atención por esta vez, y llegamos a Castellar. El viaje ha transcurrido ante el amodorramiento de la concurrencia: matrimonios añosos, fraternidades y amistades inquebrantables contribuyen a que un ambiente domesticado, una bisbiseante adormilamiento y un mutis continuo se hayan instalado durante todo el trayecto, aunque sí se oiga a veces una risa cantarina y pegadiza que surge de cuando en cuando de la parte posterior del vehículo, si bien más aquietada que en otras ocasiones.
EL CONDADO Con la llegada de la Reconquista llevada a cabo en 1226 por Fernando III el Santo, quien dona parte de ellas a la Orden de Santiago, Santisteban pasa a ser villa Real independizándose de Úbeda por privilegio de Sancho IV, mientras comienzan a consolidarse algunas poblaciones como Castellar (de Santisteban, por entonces) y Navas de San Juan. La creación de un señorío en la Baja Edad Media y el carácter nobiliario de la comarca, caracterizado por la figura del señor que ostentaba poderes en el ámbito político, económico, jurisdiccional y territorial, dará lugar a la creación del Condado de Santisteban del Puerto concedidos por Enrique IV a Don Sánchez de Benavides en 1473. La posterior creación del condado de Vilches en 1627, tras conseguir esta población la condición de villa independiente de Baeza, acentuará aún más en carácter nobiliario de esta comarca. De esta época de esplendor quedan importantes vestigios en la arquitectura civil: blasones, mansiones, escudos, artística rejería y dinteles de gran porte por aquí y por allá que engalanan las construcciones de los pueblos de esta zona y hablan de la presencia de familias hidalgas desde la Edad Media.
CASTELLAR Castellar, antes Castellar de Santisteban, es un municipio enclavado en la parte central de la comarca de El Condado, situada al norte de la provincia de Jaén. Los cultivos agrícolas ocupan más de la mitad de su término municipal que se concentran al sur, donde predomina el olivar, aunque la vega del Guadalimar, de gran riqueza, da cabida a cultivos hortícolas e industriales y forrajeros. Su término es atravesado al norte por el río Dañador, afluente del Guadalén. En el área de sierra el matorral es dominante, por lo que no tiene una ganadería desarrollada, pero sí son tierras cinegéticamente muy interesantes, especialmente por su caza menor. La actividad económica gira en torno a la agricultura y en especial a la olivicultura, aunque en tiempos no demasiado remotos todo El Condado fue una zona cerealística, donde el olivo fue un elemento cuasi extraño. Iglesia de la Encarnación.Se accede al centro urbano por una carretera empinada, desde la que divisa la torre campanario de la Iglesia de la Encarnación, que se eleva sobre un antiguo baluarte de la fortaleza medieval. Iglesia protogótica, fue iniciada en el siglo XIV y consta de tres naves separadas por arcos ojivales, apeados sobre recios pilares acabados en sencillos capiteles. El crucero y parte de la sacristía fueron reformados en el siglo XVII. En 1952 fue rehecha la cubierta, elevándose
sus muros dos metros. Es un templo de cabecera plana y su portada es también del XVII, de estilo dórico romano compuesto. Para llegar a la Iglesia de la Encarnación hemos paseado por la calle de las Parras, algo empinada, aunque ornada a ambos lados de macetones de rosales, tujas, aligustres, boneteros, cipreses de Arizona, adelfas y otros especímenes de plantas domésticas muy bien cultivadas, lo que hace muy agradable el paseo. Cuando la comitiva procedente de Jaén se apea del autobús, tras un corto paseo, llega a la plaza principal del pueblo, hoy plaza de la Constitución, donde es recibida por el alcalde presidente de la localidad, don Pedro Magaña (PSOE), que nos hace la merced de franquearnos las puertas del edificio.
Palacio de Medinaceli.El Palacio de la Casa Ducal de Medinaceli y el Castillo de Don Men Rodríguez, conocido por Castillo de Pallarés, se superponen formando un único conjunto monumental. La primera constancia fiable de fuentes documentales data de 1.371, año de creación del señorío de Santisteban por Enrique II a favor de Men Rodríguez Biedma, después apellidado Benavides. El señorío comprendía la Villa de Santisteban del Puerto, junto con los lugares de Castellar y las Navas. Posteriormente en 1.473, Enrique IV hizo merced a Sánchez de Benavides y Dávila del título de conde con la misma denominación. Es en esta época cuando se inicia la construcción del recinto amurallado que aún se conserva. Finalizada la Reconquista Cristiana, el Castillo pierde su función militar, convirtiéndose en palacio señorial, probablemente a finales del siglo XVI. Su denominación como Palacio de Medinaceli se debe a la segunda mitad del siglo XVIII, cuando Luis María, Duque de Medinaceli, hijo de Pedro Alcántara y María Javiera de Gonzaga, consiguió el título de Duque de Santisteban por su matrimonio con Joaquina de Benavides, hija de Antonio Benavides y Ana María, hermana de Pedro Alcántara. A finales del siglo pasado el Palacio se convirtió en Casino Liberal, tras la guerra civil fue sede del Círculo de Labradores y actualmente es la Casa Consistorial. El alcalde, amablemente, nos habla del certamen de pintura rápida que se convoca en mayo de cada año y de técnica libre sobre temática de Castellar. En diversos pasillos y estancias superiores están colgadas algunas de las obras premiadas en anteriores certámenes. El señor Magaña nos acompaña al salón de plenos, en cuyas paredes cuelgan retratos de anteriores alcaldes presidentes de la localidad.
Nos habla de la cierta rivalidad que existe entre la localidad vecina de Santisteban del Puerto, si bien todo queda como una amable riña de baladres (los santistebeños) y alcucillas (los castellariegos). Él, que es natural de Navas de San Juan, cuenta que se decía que habría que hacer un puente entre Navas y Castellar, para no pasar por Santisteban. Todo es una broma entre vecinos que no tiene ninguna connotación fuera de la simple chanza. En la torre vigía del castillo hay habilitadas un par de salas donde se han musealizado diversos objetos procedentes de La Lobera y de otros múltiples yacimientos ibéricos calcolíticos encontrados en Castellar. Destacan las tinajas bajo un suelo transparente de metacrilato y la colección de exvotos. A la parte superior de la torre se accede por una escalera empinada, cuyas paredes han sido revocadas con el antiguo cal y canto. El viento despeina las cabezas de las chicas que posan para las fotografías delante de la torre de la ex Colegiata de Santiago, incapaces de poner en orden flequillos y rizos varios. La panorámica es impresionante, la campiña que se prologa hasta las aldeas de Venta de los Santos, Montizón y Aldeahermosa, que lindan ya con los términos de Castellar de Santiago y Villamanrique, ya en Ciudad Real, la loma de Chiclana, y los cerros de Sierra Morena por el norte y el blanco caserío de Castellar por el sur.
Colegiata de Santiago.Edificio más significativo de Castellar, la ex Colegiata de Santiago tiene elegantes proporciones y orígenes datados allá por el siglo XVII. Está construcción fue considerada, en su tiempo como una de las más importantes de la provincia. Su situación la orienta al suroeste y está divida en dos partes, Iglesia y Colegio. Las obras fueron dirigidas por Juan y Alonso de Aranda y Salazar, de Castillo de Locubín, encargadas a éstos, en 1642, por don Mendo Benavides, tutor y fundador, Obispo de Segovia y Cartagena e hijo natural del Conde de Santisteban del Puerto, don
Francisco de Benavides y doña Teresa Merino. Las obras de la Capilla tuvieron su comienzo en 1642 y finalizaron en 1648, lo que indica los recursos económicos de que se dispusieron. El estilo arquitectónico se ajusta al siglo XVII y aunque conserva el del Renacimiento, en su fachada principal y en la posterior que da al Claustro, desaparecen las columnas, conservándose contrafuertes formando pilastras con remates esféricos, desaparecidos el de la principal, en la Guerra Civil al hacer impacto una de las campanas tiradas desde la torre. Caracteriza al templo un voluminoso cimborrio, una esbelta torre y dos portadas de diseño similar que dan acceso a la Iglesia. La principal se caracteriza por la figura de Santiago Matamoros y por los escudos del fundador en hornacina coronada con frontón. El interior consta de una sola y amplia planta, en forma de cruz latina, con capillas hornacinas, cubiertas con bóveda de cañón con lunetos. Destaca el presbiterio, con portadas y balcones laterales para una participación privilegiada en los actos litúrgicos. En la Sacristía destaca una colección de 54 óleos con retratos de papas, su colección de vestimentas y ornamentos litúrgicos, libros de Registro Parroquial, actas del cabildo colegial, libros de fábrica y de coro, objetos de culto, etc. El patio presenta doble galería de arcos de medio punto rebajados, sostenidos por columnas simples de orden toscano. En el Colegio se utilizaron materiales más pobres, aunque llama la atención la escalera monumental de dos tramos y un amplio rellano, la cual se cubre con una cúpula. Fue elevada al rango de Colegiata por el Papa Inocencio XII en 1692 y confirmada por Clemente XI en 1705. El 16 de marzo de 1983 fue declarada Monumento Histórico Artístico. Actualmente la Fundación de la Casa Ducal Medinaceli es la propietaria de este monumento tan significativo de Castellar, así como de otros muchos de todo el país. Tras un sencillo refrigerio y la visita a los aledaños de la Iglesia de la Encarnación, relatada someramente más arriba, abandonamos Castellar para acercarnos a Santisteban del Puerto. A un lado de la carretera nos llama la atención el edificio de Mariscos Castellar, que empezó siendo una pequeña empresa familiar y hoy distribuye marisco procedente de todos los caladeros del mundo.
SANTISTEBAN DEL PUERTO Santisteban de Puerto es una villa situada en la Comarca del Condado, en Jaén. Pueblo de mucha historia, parece ser que tuvo como primeros moradores a los arcosaurios en la Era Secundaria , según se desprende de los estudios científicos de las huellas (icnitas) localizadas en el paraje de las Erillas Blancas, donde hoy se alza un parte temático municipal. En el Paleolítico fue habitada por humanos según restos de utensilios en piedra y pinturas rupestres de las Cuevas del Apolinario y la Morciguilla, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Fue el Ilucia ibérico, la Itangi fenicia, el Ilugo romano, el San Esteban visigótico, el Sant Astabin árabe y el San Esteban del Puerto medieval.
Museo de Jacinto Higueras.En la Plaza Mayor existe una original fuente y se divisa el monte del castillo, asentado sobre un cerro amesetado de tierras rojizas, comunes a casi todo el Condado. Ante el museo de Jacinto Higueras nos recibe Justo Sánchez, guía local que nos da algunas pinceladas sobre el personaje y su obra. Hijo de Santisteban del Puerto, Jacinto Higueras Fuentes (18771954) fue un importante escultor, poco conocido fuera de sus círculos más inmediatos, aunque tiene obras distribuidas por todo el mundo. El museo se hizo realidad mediante la obra donada por la familia del escultor. Las obras más conocidas para los giennenses, y de las que se ofrecen diversos estudios y bocetos son, sin duda, el monumento a las Batallas, las estatuas de cuerpo entero del General Saro de la plaza de Andalucía de Úbeda, la de don José de Prado y Palacio, la estatua de don Bernabé Soriano y de Martínez Montañés en Alcalá la Real. Tiene una abundante obra religiosa y procesional, como las imágenes del Cristo de la Buena Muerte de Jaén y Nuestro Padre Jesús de Úbeda. En la escalinata del museo se ofrece una reproducción de la estatua de San Juan de Dios, de bella factura, y el piso superior hay varios bustos de personajes insignes, entre los que descuellan los de Julio Romero de Torres, Niceto Alcalá Zamora y Alfredo Cazabán Laguna. Más adentro se exponen diversas obras escultóricas, premiadas en el certamen que se convoca en la localidad con carácter bianual. La cultura tiene eso: el continuo trasegar hacia el espíritu no hace olvidar del todo que somos carne material, y el largo paseo estimula el apetito de los visitantes que llegamos algo cansados al restaurante San Cristóbal. Momentos agradables de conversación y convivencia, en un comedor, donde no falta un buen fuego de leña para combinar con los trofeos de astados de caza mayor, que, a modo de panoplias, se exhiben en las paredes. Pareciera que la sobremesa podría prolongarse bastante rato más, pero la tarde es corta y hay que aprovechar la luz solar. Otra considerable caminata por cuestas empinadas nos lleva hasta Santa María del Collado, a donde algunos llegan con el bofe próximo a la boca.
Santa María del Collado.Es este templo un gran desconocido del románico andaluz y, por ende, del hispánico. Su arquitectura se encuentra a caballo entre un románico que agoniza y un gótico que balbucea. Longeva de siglos, parece que fue en el XIII cuando, tras la conquista, se comenzó su construcción sobre el legendario castillo moro, que le prestó una de sus torres albarranas para ser su campanario. Anteriormente constaba de un ábside trilobulado, del que se demolió el lóbulo central. Hoy conserva la declaración de Monumento Histórico Artístico. Se accede al templo por una amplia escalinata que desemboca en un atrio de cinco arcos de medio punto rematados por bóveda de caña y sustentado por columnas cuadrilongas de ladrillo. El obispo de la diócesis don Baltasar de Moscoso y Sandoval que la rigió de 1619 a 1646, ordenó su construcción. La fachada es de mampostería y arenisca rojiza y verde - como el color de todo el suelo de su término plantado de olivar- que le da un intenso colorido, y sillares que enmarcan sus dos puertas. La puerta principal, la más primitiva e interesante, sobresale del paramento ligeramente y es abocinada, de clara tendencia gótica, aunque conserva detalles tardorrománicos, como es el arco de reingreso de medio punto, que está surmontado por tres arquivoltas apuntadas que alternan un bocel con una leve media caña. La primera arquivolta carece de ornamentación, seguida de otra obrada con detalles toscos y esquemáticos en los que algunos han querido ver conchas marinas para simbolizar la dedicación a la Virgen, aunque también pudieran obedecer a simples lenguas de fuego. El tercer bocel, su labra es un clavo de herraje o punta de diamante, evolución de los dientes de sierra como símbolos de la espiga eucarística que terminan por convertirse aquí en un diedro en forma de punta. El conjunto se apoya en un sencillo cimacio de caveto que corona el jambaje y, a continuación, cuatro columnitas, dos a cada lado, acodilladas y carentes de capitel que descanan en un plinto. La segunda puerta es más moderna. Las jambas son de sillería. De grandes dovelas que forman arco de medio punto rematadas por media caña, es el acceso habitual al templo y fue construida con motivo de la ampliación que sufriera el templo en tiempos del obispo don Francisco Delgado López.
Su planta, en sus orígenes era basilical con tres naves separadas por columnas de fuste cilíndrico y capiteles románicos. La cabecera era triabsidial con dos lóbulos laterales sin proyección al exterior. Posteriormente en el siglo XVII, la cabecera del ábside central se eliminó para edificar en su lugar el camerín de la Patrona: La Virgen del Collado. Lo que resta de los dos laterales, es la fachada principal, donde se muestran dos canecillos que se apoyan en la antigua cornisa, así como una ventana de arco apuntado sin moldura con función de linterna a la capilla de Santiago y los Capellanes, hoy del Santísimo Sacramento. El interior del templo es austero, sin pretensiones. Piedras desnudas sin oropeles y la poca iluminación, invitan a la intimidad. Piezas capitales de indudable mérito son sus columnas de fuste cilíndrico que descansan en plinto y sostienen arcos formeros apuntados. Sus capiteles pertenecen al gótico primitivo andaluz del tipo de cogollo. Su talla es plana con simbología religiosa y representaciones zoomórficas, vegetales y antropomórficas. El arco toral que separa el presbiterio es ya apuntado. En el altar mayor destaca el camarín de la Virgen del Collado. Se perdió la primitiva imagen negra y la actual es de moderna factura. Corona el retablo, un precioso medallón en su ático y un relieve de Dios Padre de Sebastián de Solís, único elemento conservado de su primitivo conjunto. En el paramento opuesto se conserva un precioso coro plateresco, dotado de sillería y reja, de factura renacentista, realizado por el entallador baezano Juan Pérez en 1575. Otras piezas de indudable interés, si bien de dibujo algo torpe y pertenecientes al antiguo retablo de la parroquia de San Esteban, son aquellas cuya iconografía representa la Adoración de los Magos y dos escenas referidas a la vida del protomártir. Justo, el guía, nos ilustra sobre la institución de la Mayordomía, una vieja tradición que data de los tiempos de la Reconquista, aunque parece que conserva connotaciones precristianas. La Virgen del Collado, en cuadro y estandarte, es acogida en casa de un Mayordomo/a quién con dos compadres y sus respectivas parejas (vecinos del pueblo) son los encargados de realizar, por el periodo de un año, todos los actos religiosos y festivos que dicha tradición precisa. Este periodo de tiempo comienza el lunes siguiente a Pentecostés, día en que finalizan las fiestas patronales de la Villa, donde los encierros tradicionales por las calles del pueblo, las corridas de toros y las verbenas son elementos clave; en la Iglesia de Santa María, después de que el párroco comience a rezar la Salve, el vecino que coja más alto la vara central del estandarte se convierte en
un nuevo mayordomo. Para ser Mayordomo es condición sine que non el ser natural de Santisteban o tener casa abierta en el pueblo. En una estancia aneja, el viajero se deleita con numerosos mantos bordados y ornamentos de diversa antigüedad y luego, la plataforma existente delante de Santa María se convierte en un mirador privilegiado, donde se toman algunas fotos de recuerdo con la blanca imagen del pueblo tras sus cabezas.
Iglesia de San Esteban.-
De su antigua fábrica protogótica solo resta ..."
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